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Azuela neolítica 1

PLICP003

Nuevo

Répolica en resina de azuela neolítica (51 x 24 x 3 cm)

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45,45 €

Información

Réplica en resina de azuela neolítica
Azuela de mango acodado con enmangue latero distal directo en extremo bífido, basada en modelos del neolítico final suizo (Stordeur, D. TMO 1987, Vol 15, nº1) y neolíticos de Brise-Lames (Eglof, M. 1987). La prolongación del extremo distal está basado en las hachas ceremoniales de Papúa Nueva Guinea. La parte activa, elaborada a partir del paralelo neolítico de Masada de Ram en Teruel, está orientada de forma perpendicular al mango.
En caso de fractura se pueden adquirir por separado el mango y la pieza pulimentada (ver recambios).

Azuelas
La azuela es una herramienta de unos 40 cm de longitud o más, con un mango acodado en el extremo (generamente en madera aunque puede ser de asta o con elementos intermedios para facilitar su fijación) en el que se inserta una pieza pulimentada o una lámina espesa de sílex en forma de bisel de manera que el filo de la pieza permanece transversal respecto al eje longitudinal del mango. Algunos yacimientos lacustres como el de Chalain en Francia (3000 a.C) o de borde de lago como el de La Draga en España (5000 a.C), presentan ejemplares muy bien conservados. El yacimiento neolítico de Chalain nos ofrece ambos ejemplos para comprender la colocación de la pieza pulimentada en un hacha y en una azuela. La azuela es un objeto vinculado fundamentalmente con el desbaste de la madera (para una comprensión y clasificación analítica de hachas, azuelas y otros materiales pulimentados y piqueteados, ver Munibe 1973.

Las primeros mangos para hachas y azuelas
La ausencia de mangos de madera en el registro arqueológico impide fechar con precisión el momento en que estos objetos comenzaron a enmangarse. Parece lógico pensar que los mangos evolucionaron de forma paralela a la fabricación de las hachas pulidas neolíticas, pero debemos recordar que ya hay evidencias de hachas modificadas por abrasión desde el paleolítico superior (ver Cambridge Archaeological Journal 2011), lo que sugiere que ya en esa época podría haberse enmangado algún tipo de soporte tallado, tal y como apunta Geneste para los yacimientos de Sahul en Australia, o los de Bobongara y Kosipe en Papúa Nueva Guinea (Nature 1986, Science 2010 pdf), con cronologías que oscilan entre los 44 y los 49.000 años (Geneste et al, pp 13).
A excepción de estos hallazgos previos habrá que esperar al Mesolítico para encontrar láminas de piedra enmangadas y hachas con mangos (por ejemplo en el Maglemosiense de Dinamarca y Escandinavia -Schozt 7 o Star Carr-, ver igualmente Valdeyron 2011).
Finalmente, este tipo de herramienta compuesta la encontramos plenamente desarrollada durante el neolítico (Stone Axe Studies 2011), tal y como se desprende de los estudios traceológicos (Bouard 1987), y gracias a los excepcionales hallazgos procedentes de yacimientos palafiticos y turberas, un entorno en el que la ausencia de oxígeno ha permitido la conservación de los mangos.
Elaboración de una azuela por aborígenes de Papúa (Vídeos: parte 2, parte 1).

Los primeros enmangues
Desde momentos muy tempranos el ser humano ha enmangado sus herramientas de piedra para conseguir una mayor funcionalidad. El problema es que debido a la fragilidad de la madera apenas han quedado restos en el registro arqueológico (sin duda la madera fue el material más corriente para enmangar una herramienta dado su carácter práctico y funcional). Existen evidencias desde el paleolítico inferior (yacimiento alemán de Schönningen, 400.000 años, hallazgo de un fragmento de madera con horquillas en ambos extremos, quizá para enmangar algún objeto). A partir de este momento existe un gran vacío hasta el Epipaleolítico y mesolítico (11.000 años), momento en el que los enmangues son más corrientes, especialmente a partir del neolítico. En ausencia de objetos la arqueología dispone afortunadamente de dos importantes recursos: (1) los restos de adhesivos para enmangues (los ejemplos de DiepkloofSidubu Umm el Tlel, Cheii-Rasnov, Inden Altdorf o Campitello, por citar algunos ejemplos), y sobre todo (2) el estudio de las huellas de uso que han quedado en las piezas, que permiten aproximarse a la funcionalidad y el tipo de enmangue de las herramientas prehistóricas (ver Le Main et L'outil, CNRS, 1984).

© Paleomanias

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Azuela neolítica 1

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