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Hacha enmangada 1 Ver más grande

Hacha enmangada 1

PLICP004

Nuevo

Réplica del hacha enmangada calcolítica de Blanquizares de Lébor (89 X 21 X 7.5 cm)

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99,17 €

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Réplica en resina de hacha enmangada
El modelo que presentamos reproduce el hacha enmangada Calcolítica (3000 a.C.) hallada en Los Blanquizares de Lébor (Murcia). Tambien está inspirada en paralelos arqueológicos lacustres del Neolítico y Calcolítico francés de AuvernierClairvaux y Chalain, con mangos en maderas de fresno y haya de 70 cm (ver Les manches en bois dans le Néolithique du Jura, Buadais 1987), y de Sigerslev Bog en Suecia.
La pieza presenta un enmangue directo con perforación transversal completa del mango (lo habitual es el enmangue con elementos intermedios). Está formado por dos elementos que pueden adquirirse de forma independiente o como recambios: el hacha pulida de tipología calcolítica PLIPP005 y el mango modelo RECPR001.

Las primeros hachas enmangadas
La madera, al tratrase de un material orgánico se descompone con el paso del tiempo y desaparece. Lo habitual por tanto es encontrar el hacha pulida sin el mango, lo cual no significa que todas se enmangaran, así, en algunos yacimientos generalmente asociados a enterramientos, las piezas no presentan huellas de utilización en los filos (Lacila IIPico Ramos en Vizcaya), constituyendo un claro ejemplo de hachas votivas (ofrendas funerarias). En otros (La Somá, Huelva), podrían ser elementos de prestigio para su dueño, incluso se han encontrado piezas con restos de ocre rojo, seguramente asociadas con actividades rituales (Los Millares).
En cualquier caso esta circunstancia impide fechar con precisión el momento en que estos objetos comenzaron a enmangarse. Parece lógico pensar que los mangos evolucionaron de forma paralela a la fabricación de las hachas pulidas neolíticas, pero debemos recordar que ya hay evidencias de hachas modificadas por abrasión desde el paleolítico superior (ver Cambridge Archaeological Journal 2011), lo que sugiere que ya en esa época podría haberse enmangado algún tipo de soporte tallado, tal y como apunta Geneste para los yacimientos de Sahul en Australia, Bobongara y Kosipe en Papúa Nuev Guinea (Nature 1986, Science 2010 pdf) con cronologías que oscilan entre los 44 y los 49.000 años (Geneste et al, pp 13).
A excepción de estos hallazgos previos habrá que esperar al Mesolítico para encontrar láminas de piedra enmangadas y hachas con mangos (por ejemplo en el Maglemosiense de Dinamarca y Escandinavia -Schozt 7 o Star Carr-, ver igualmente Valdeyron 2011).
Finalmente, este tipo de herramienta compuesta la encontramos plenamente desarrollada durante el neolítico (Stone Axe Studies 2011), tal y como se desprende de los estudios traceológicos (Bouard 1987), y gracias a los excepcionales hallazgos procedentes de yacimientos palafiticos y turberas (Les sites littoraux néolithiques de Clairvaux et Chalain III, Petrequin, Baudais, 1986, pp 535 y ss), , un entorno en el que la ausencia de oxígeno ha permitido la conservación de los mangos. Ver además otros ejemplos de época neolítica: Ehenside (Inglaterra), Shulishader (Escocia, ver SCARF), Magdeburg (Alemania), o el reciente hallazgo de un hacha enmangada en Rodbyhavn (Lolland, Dinamarca).

La funcionalidad de las hachas enmangadas está ligada principalmente con el corte de troncos (ver proceso de corte experimental con hachas pulidas  en Matieres á penser).

Los primeros enmangues
Desde momentos muy tempranos el ser humano ha enmangado sus herramientas de piedra para conseguir una mayor funcionalidad. El problema es que debido a la fragilidad de la madera apenas han quedado restos en el registro arqueológico (sin duda la madera fue el material más corriente para enmangar una herramienta dado su carácter práctico y funcional). Existen evidencias desde el paleolítico inferior (yacimiento alemán de Schönningen, 400.000 años, hallazgo de un fragmento de madera con horquillas en ambos extremos, quizá para enmangar algún objeto). A partir de este momento existe un gran vacío hasta el Epipaleolítico y mesolítico (11.000 años), momento en el que los enmangues son más corrientes, especialmente a partir del neolítico. En ausencia de objetos la arqueología dispone afortunadamente de dos importantes recursos: (1) los restos de adhesivos para enmangues (los ejemplos de DiepkloofSidubu Umm el Tlel, Cheii-Rasnov, Inden Altdorf o Campitello, por citar algunos ejemplos), y sobre todo (2) el estudio de las huellas de uso que han quedado en las piezas, que permiten aproximarse a la funcionalidad y el tipo de enmangue de las herramientas prehistóricas (ver Le Main et L'outil, CNRS, 1984).

© MLC

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Réplica del hacha enmangada calcolítica de Blanquizares de Lébor (89 X 21 X 7.5 cm)

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